Sociedad civil en América Latina se abre paso en la economía colaborativa

Este artículo es parte de la serie #HistoriasDeResiliencia, coordinada por CIVICUS para destacar los esfuerzos de grupos y activistas que promueven mejores prácticas de financiación y movilización de recursos valiosos para la sociedad civil.

En junio del 2017, las organizaciones de la sociedad civil (OSC) que conforman el Centro Regional de Innovación para el Cambio en América Latina y el Caribe –Innovación para el Cambio (I4C) es una red global apoyada por CIVICUS y Counterpart International– lanzaron una plataforma de economía colaborativa para encontrar recursos alternativos en momentos que la cooperación internacional se debilita en la región. La plataforma, llamada ComuniDAS, facilita el trueque de servicios entre OSC latinoamericanas, pero su enorme potencial está seduciendo también al sector privado y a OSC fuera de la región.  En mayo, la iniciativa ganó el premio de voto popular en la SID-Washington Innovation Competition 2019 y pronto será replicada por el Centro Regional de I4C en Medio Oriente y el norte de África. 

Gerardo TorresHablamos con Gerardo Torres, vocero de ComuniDAS, sobre la experiencia de crear esta plataforma, sus retos y fortalezas.

¿Cómo nació la idea ComuniDAS?

Nació en el 2016, cuando nos reunimos 45 OSC para formar el Centro Regional de Innovación para el Cambio en América Latina y el Caribe. Estábamos discutiendo los principales retos de financiación para OSC en la región y qué podíamos hacer al respecto; entonces salió el tema de economía colaborativa, el cual resonaba internacionalmente y según la revista Times era una de las 10 ideas que cambiaría el mundo. En América Latina había algunos casos de éxito como una plataforma que surgió en Chile después del terremoto, mediante la cual las comunidades afectadas se organizaban para recolectar recursos y comprar artículos de necesidades comunes, y varias iniciativas relacionadas con el medio ambiente.  Así vimos la oportunidad de mapear nuestras necesidades y en qué éramos buenos cada uno, con la idea de intercambiar recursos bajo el modelo de economía colaborativa, fortalecer la solidaridad entre OSC y luego atraer solidaridad de otros sectores.

¿Qué retos de acceso a recursos para las OSC desean atender con ComuniDAS? 

Identificamos tres retos principales. Primero, se necesitan alternativas de financiación porque la cooperación internacional –una fuente principal de recursos para la sociedad civil– se está retirando de la región para enfocarse en otras áreas del mundo. También notamos que las OSC más tradicionales, como las que nacieron en la década de 1970 entre guerras civiles y enfocadas en derechos humanos, tienen dificultades para crear alianzas con el sector privado sin sentir que pierden su autonomía. Por último, el World Giving Index señala que América Latina y el Caribe tiene una de las culturas filantrópicas más débiles del mundo, lo que se refleja en la escasa solidaridad dentro del sector de sociedad civil. Las OSC casi no comparten conocimientos ni recursos a pesar de que muchas tienen grandes fortalezas y capacidad para hacerlo.

¿Cuáles facilidades y dificultades han enfrentado al implementar un proyecto con conceptos innovadores para el sector?  

Encontramos mucho interés tanto en la economía colaborativa como en que la sociedad civil lidere proyectos de innovación. Esto facilitó obtener apoyo, asesoría y herramientas de expertos en el tema, como el renombrado Albert Cañigueral, de entes que están impulsando la economía colaborativa, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) e, incluso, del sector privado.  

Hallamos varias dificultades. Al inicio pensamos que la plataforma podría basarse en la solidaridad para que una OSC grande con más recursos y capacidades ayude a una OSC pequeña a cambio de otro servicio. Sin embargo, en la práctica, el éxito de estos intercambios reside en asegurar la confianza y la reciprocidad entre los miembros para que provean los servicios prometidos y a tiempo, y no teníamos cómo hacerlo. Otro desafío es evitar agudizar la brecha entre las OSC más fuertes que tienen algo que intercambiar y capacidad participar en este tipo de iniciativas de innovación y las otras más pequeñas y de base que tienen necesidades, pero quizá no pueden ofrecer algo a cambio. Contar con la tecnología para la plataforma también ha sido difícil porque no existía en la región algo listo para usar, entonces tuvimos que desarrollarlo.

¿Cómo han resuelto la necesidad de asegurar la reciprocidad y la confianza? 

Hay mecanismos como permitir a los usuarios publicar evaluaciones o críticas de miembros con los que han hecho intercambios, pero no son suficientes. Revisamos cómo lo abordan otras plataformas del sector privado y encontramos una plataforma de economía simbiótica en Estados Unidos, llamada Simbi, en la cual se acumulan créditos virtuales por un servicio prestado, que pueden canjearse por varios servicios de otros miembros de la comunidad. Esto nos llamó la atención porque permitiría a los miembros de ComuniDAS ofrecer un servicio y guardar sus créditos si no necesitan recibir un servicio de inmediato, también resultaría más útil para atraer a empresas privadas que operan con parámetros precisos. Con esta idea en mente, estamos desarrollando una moneda social que marcará otra etapa para ComuniDAS. En este momento conectamos los usuarios, pero los intercambios ocurren afuera de la plataforma, con la moneda social todo ocurrirá dentro de la comunidad.   

Con respecto al segundo desafío, ¿cómo se podría ayudar a las OSC más pequeñas con necesidades urgentes de recursos a beneficiarse de plataformas como ComuniDAS?

Una plataforma como esta no resuelve urgencias como pagar gastos operativos, pero puede facilitar que estas OSC exploren alianzas que les ayuden a seguir cumpliendo su misión. Estamos intentando atraer apoyo del sector privado que sea apto para OSC de base que trabajan en temas más abstractos como derechos humanos, y estamos promoviendo el valor del retorno social. También seguimos pensando en cómo hacer el puente entre las OSC grandes, las más tecnológicas, las que apuestan al emprendimiento social –que están capitalizando más los fondos de grandes donantes– y esas OSC pequeñas y de base que tienen la ventaja de llegar a poblaciones y sectores que las OSC más “cool” no alcanzan. No tenemos todo resuelto, pero buscamos opciones. Lograr que la innovación sea inclusiva es un reto para todo el sector.

ComuniDAS ganó un premio de innovación y pronto será replicada en Medio Oriente y el norte de África, ¿cuáles fortalezas le han facilitado este éxito?

Primero, el hecho de ser un esfuerzo regional e innovador creado y liderado por la sociedad civil para buscar recursos alternativos a la cooperación internacional. Estamos pasando de la idea de que los donantes tienen que financiarnos a promover un modelo en que las OSC capitalizan sus propios recursos y además saben vender su propuesta y demostrar valor afuera del sector, lo que requiere no satanizar la rentabilidad, promover la transparencia y la rendición de cuentas y contar con un plan estratégico. Esto nos has permitido lograr alianzas exitosas con el sector privado, municipalidades y otros actores. Otra fortaleza es que la tecnología de ComuniDAS se adapta a las necesidades del sector porque fue desarrollada por OSC.  Y al ser de código abierto puede ser replicada, como lo está haciendo el centro de I4C en Medio Oriente y el norte de África, que lanzará la plataforma en unos cuatro meses. Nuestro sueño es que en el futuro existan intercambios globales, por ejemplo, entre OSC de Honduras, Egipto y de otros países. Esto multiplicaría los recursos y la solidaridad para la sociedad civil en el mundo.

Contacte o únase a ComuniDAS a través de su página web. En este video puede ver un demo de la plataforma.