Opinión: 'Agilicen' su compromiso durante el brote de COVID-19 — Carta abierta a los donantes

Nota de la oficina de prensa: Esta carta la firman representantes de la Red de Respuesta de Ayuda Humanitaria Empoderada (NEAR, Network for Empowered Aid Response) Civicus y el  Fondo Global para Fundaciones Comunitarias (GFCF, Global Fund for Community Foundations). Se ha modificado en aras de la brevedad y la claridad.

Estimados/as donantes internacionales:

Pese a que el brote de COVID-19 se está propagando en el Sur global, no tiene por qué provocar una crisis descontrolada. Nuestras redes están formadas por organizaciones que trabajan sobre el terreno en los ámbitos de la ayuda humanitaria, los derechos humanos y el desarrollo, y que ya están movilizando y ayudando directamente a las personas en sus comunidades para frenar y finalmente detener la propagación de este virus mortífero.

Pero para ayudarlas a cumplir su función, es preciso que revisemos por completo y sin demora la forma en que actualmente se entrega la ayuda. Por consiguiente, les escribimos para instarles a que, en cuanto que donantes —públicos o privados—, den prioridad a financiar directamente a las organizaciones de primera intervención, y a que se asocien con ellas en cualquier plan que les afecte y que afecte a las comunidades a las que sirven.

Muchas de nuestras organizaciones asociadas tienen un largo historial no sólo como ejecutoras de programas, sino también como concesionarias de subvenciones para la sociedad civil y los grupos de base locales; conocen su entorno local, tienen conexiones profundas y extensas con grupos locales y pueden hacerles llegar el dinero de forma directa y eficaz. En muchos casos, además, ya llevan tiempo movilizando los recursos y la cultura de la donación en el terreno, y creando bases de apoyo locales para su trabajo. Están ahí para ofrecer ayuda humanitaria, económica o social y para defender los derechos humanos y las libertades cívicas en un momento en que los gobiernos están intentando reprimirlos.

Si bien estas organizaciones son plenamente capaces de pasar a la acción, en algunos casos adolecen de una grave carencia recursos cuando se declara una emergencia. La COVID-19 pone esta realidad aún más de relieve. Numerosos colegas internacionales que han regresado a sus comunidades de origen se han encontrado repentinamente en la posición vulnerable de tener que responder directamente, a menudo sin contar con apoyo económico suficiente para hacerlo.

Desde hace al menos un decenio, han prosperado los fondos, fundaciones y entidades concesionarias de subvenciones locales y nacionales en todo el Sur global que ofrecen soluciones más sostenibles y duraderas.

Las razones de ello son múltiples y estructurales, y reflejan un sistema de desarrollo que se ha caracterizado por los flujos de dinero de uso restringido a proyectos a corto plazo —en lugar de las inversiones a largo plazo en instituciones locales— y por una rendición de cuentas de abajo hacia arriba, es decir, ante los donantes en lugar de ante las propias comunidades. Entre los numerosos factores que explican las míseras cantidades de financiación que se canalizan directamente a organizaciones del Sur está la percepción persistente de “riesgo”, que presupone una falta de capacidad o de diligencia debida en materia económica. Muchos de nosotros cuestionaríamos esta percepción precisamente por ser eso, una percepción, en lugar de la realidad.

Pero no es momento de debatir sobre lo que es apropiado y proporcional en la entrega de ayuda y la gestión del riesgo a nivel local. Ahora, más que nunca, esperamos que en la toma de decisiones primen la solidaridad y la premura, y no la burocracia compleja e innecesaria.

Sencillamente, hay organizaciones sobre el terreno que están preparadas para ampliar su respuesta con agilidad y rapidez antes de que la situación empeore. Creemos que si cuentan con los recursos adecuados pueden hacerlo mucho mejor que a través de costosas capas de actores externos, la mayoría de los cuales no tienen prácticamente ninguna presencia ni relaciones en los países a los que se proponen servir. Además, el apoyo internacional puede ayudar a impulsar los nuevos sistemas filantrópicos locales.

Hace cuatro años, en la Cumbre Humanitaria Mundial se adoptó el compromiso de financiar iniciativas locales y nacionales de forma directa y se hizo mucho hincapié en la importancia de la localización. Tristemente, muy poco ha cambiado desde entonces: los datos muestran que menos del 1% del total de la ayuda oficial al desarrollo se destina a organizaciones locales y nacionales del Sur global y, a juzgar por la respuesta reciente de los donantes, no hay forma de invertir esa tendencia.

El hecho es que, desde hace al menos un decenio, han prosperado los fondos, fundaciones y entidades concesionarias de subvenciones locales y nacionales en todo el Sur global que ofrecen soluciones más sostenibles y duraderas. Son líderes clave de nuestras redes y pioneros del “sistema de desarrollo que queremos” —grande y pequeño, regional, nacional y local— que realizan un trabajo diverso en materia de desarrollo comunitario, género, derechos humanos y medio ambiente.

Ha llegado el momento de aunar solidaridad mundial y una acción local rápida y eficaz. A riesgo de calificar como oportunidad la tragedia de esta pandemia mundial, creemos que hay una manera de que agilicen su compromiso y con ello garanticen que en el Sur global tengamos una sociedad civil local duradera y más fuerte tanto durante la respuesta a la emergencia de la COVID-19 como en los años venideros.

Atentamente,

NEAR

Civicus

Fondo Global para Fundaciones Comunitarias