México: Más que una tendencia, la filantropía comunitaria ha sido esencial para empoderar al pueblo

Este artículo es parte de la serie #HistoriasDeResiliencia, coordinada por CIVICUS para destacar los esfuerzos de grupos y activistas que promueven mejores prácticas de financiación y movilización de recursos valiosos para la sociedad civil.

En América Latina hay una tradición fuerte de generosidad y solidaridad entre vecinos, comunidades y pueblos quienes no dudan en unir esfuerzos y recursos para ayudar a un individuo o solucionar problemas colectivos. En varios lugares siempre ha existido lo que ahora llamamos filantropía comunitaria, aunque de manera informal. Pero en las últimas décadas, esa filantropía comunitaria se ha formalizado con el establecimiento de fundaciones comunitarias que se han convertido en un pilar para la sociedad civil y el desarrollo.

México es el país de la región que tiene más fundaciones comunitarias. La mayoría está consolidada y lidera esfuerzos de filantropía comunitaria, inversión social estratégica, desarrollo e incluso de acción humanitaria. Por ejemplo, tras los devastadores terremotos ocurridos en el 2017, muchas fundaciones fueron centrales para atender las emergencias y reconstruir las zonas afectadas. Su labor es ampliamente reconocida, gozan de sólida legitimidad entre sus poblaciones y de la confianza de donantes nacionales e internacionales.

Comunalia es una alianza conformada por 14 fundaciones comunitarias de 13 estados de México, la cual lleva nueve años apoyando su trabajo y fortalecimiento. Conversamos con Mariana Sandoval, directora ejecutiva, e Ixanar Uriza, exvicepresidenta*, sobre la importancia de estas fundaciones y de la filantropía comunitaria para la sociedad civil mexicana.

¿Cuáles son las características de una fundación comunitaria que la diferencian de otras fundaciones filantrópicas?

Uriza: Son fundaciones de las comunidades que recaudan recursos de varias fuentes, propios y externos, para invertirlos en beneficio local, gestionados por organizaciones de la sociedad civil (OSC) locales y las comunidades. Se caracterizan por cubrir una zona geográfica específica; por ser expertas en conocer las características y necesidades de su comunidad; por tener liderazgo y defender los intereses y prioridades de la comunidad, y por tener capacidad de aliarse con otros actores por el bien común.

Hay mucho interés alrededor del mundo en expandir la filantropía comunitaria. ¿Cómo han logrado estas fundaciones en México posicionarse como un canal sólido y legítimo para movilizar recursos para la sociedad civil local?

Sandoval: La reputación y legitimidad se ha construido tras muchos años de trabajo. Algunos miembros de Comunalia tienen más de 20 años operando. Además, es clave que las fundaciones son más que un intermediario de fondos; son una fuente experta de conocimiento del contexto social, necesidades y prioridades de las comunidades. Esto le da confianza a las comunidades que saben que se está velando por su agenda y que en cierta forma orientamos a los donantes externos sobre estas prioridades. Por su parte, los donantes encuentran en las fundaciones el mejor asesor para reconocer las áreas más aptas para hacer inversión social y establecer alianzas con OSC locales.

Hay muchos ataques contra las OSC en América Latina. ¿Cómo pueden ayudarles las fundaciones comunitarias a enfrentar estos retos además de los financieros?

Sandoval: Aparte de ser asesoras, filtros y puntos de enlace entre los donantes y las organizaciones locales, las fundaciones comunitarias cumplen un rol clave de fortalecimiento. Muchas fundaciones trabajan con grupos y colectivos que no están establecidos formalmente y, además de ayudar a conseguirles fondos, les dan asistencia técnica mientras se consolidan. Las organizaciones ya establecidas también consideran a las fundaciones como su primer punto de apoyo cuando tienen retos en general, convirtiéndose en aliados estratégicos. Además, el hecho de que las fundaciones se dedican a movilizar los recursos les permite a las OSC enfocarse en hacer su trabajo de campo, mejorarlo y multiplicar su impacto. Nos queda por delante el reto de ofrecer más y mejor apoyo en incidencia en políticas públicas para mejorar las condiciones en que se desarrollan las OSC en México.

¿Se podría decir entonces que están empoderado a la sociedad civil?

Uriza: Las fundaciones no solo fortalecen a la sociedad civil, de alguna forma también le han posibilitado crecer. Un ejemplo concreto es el de la Fundación Comunitaria Malinalco, la cual empezó a apoyar proyectos hace diez años cuando no había OSC en ese municipio, mientras que ahora hay 23. La presencia de la fundación ayudó a despertar a la sociedad civil en este lugar.

¿Están las fundaciones comunitarias adelante de la tendencia de los últimos años de “transferir el poder a las comunidades” (conocido en inglés como Shift the Power)?

Uriza: La filantropía comunitaria ha existido desde siempre en América Latina, es una práctica prehispánica. Mientras que la idea de transferir el poder a las comunidades se ha convertido en una tendencia reciente, para las fundaciones comunitarias ha sido siempre nuestra metodología de trabajo; no concebimos la idea de movilizar y dar un fondo sin escuchar primero a la comunidad y priorizar sus necesidades e intereses.

¿Qué metas nuevas tienen las fundaciones comunitarias parte de Comunalia?

Sandoval: Como dijimos antes, tenemos robustecer el apoyo en incidencia política y social que brindan las fundaciones las OSC, que ha cobrado relevancia frente a las crecientes amenazas sobre el espacio cívico. La mayoría de las fundaciones ya está haciendo muy bien su trabajo de movilización y manejo de recursos, pero sabemos que en este contexto no es suficiente, en especial para las organizaciones que trabajan en justicia social. Algunas fundaciones están avanzadas en este trabajo de incidencia en sus territorios, pero a muchas les falta desarrollar esta función.

* Ixanar Uriza era la vicepresidenta de Comunalia cuando se realizó la entrevista.

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